La depresión en las madres puede afectar el sueño de sus bebés.

La díada madre-hijo define una profunda conexión. Es así que los pequeños cuyas madres sufren de depresión toman más siestas a lo largo del día y tienen mayor dificultad para conciliar el sueño por las noches, y al hacerlo suelen despertarse o tener un sueño muy liviano. Incluso queda demostrado que los bebés cuyas mamás padecían depresión antes de quedar embarazadas, serán más proclives a sufrir patrones de sueño caóticos.

Sin embargo, los cuadros depresivos en los progenitores no significan la obligatoria presencia de dificultades en el descanso de los bebés, así como los padres y madres no depresivos tampoco deberían ignorar las perturbaciones en el descanso de sus hijos, en especial durante los primeros seis meses de vida, los cuales son cruciales en el desarrollo de los patrones oníricos y de vigilia (los llamados ritmos circadianos), esenciales para el correcto desarrollo general del niño.

Es de remarcar la incidencia de los cambios hormonales de las nuevas madres en su propio ciclo de descanso, ya que la privación del sueño representa una alta probabilidad de la aparición de depresión. Su estado irregular, sus malestares corporales y la ausencia de un buen descanso pueden provocar en la madre un cuadro depresivo, el cual podría afectar el descanso de su bebé.

Para el correcto desarrollo y crecimiento, los niños necesitan de siestas diurnas y de 11 a 18 horas de descanso durante los primeros dos meses de vida. Luego, durante los siguientes diez meses, este tiempo necesario de descanso será de 11 a 15 horas, y desde el primer hasta el tercer año de vida, será de 12 a 14 horas diarias. De preferencia, se deberá buscar la regularización del horario de descanso, tanto en los bebés como así también en adultos.

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